Excusado

Volví. Si, volví. Y en forma de fichas. Antes que nada quiero excusarme por mi ausencia, se que el volumen inconmensurable de fans que tengo merecen una explicación por tantos meses de silencio así que procedo a explicarles lo acontecido durante este periodo temporal durante el cual  no actualicé el blog. La cuestión es la siguiente, resulta que una tarde calurosa de Noviembre decidí ir a ver si llovía en Polonia, el problema fue que para cuando llegué (la General Paz estaba jodidísima) ya no era una tarde calurosa de Noviembre sino que era una madrugada fresca de Marzo. Y si, llovía. En mi paso por Polonia conocí a un marroquí llamado Mohamé Pepiribú que me ofreció laburar con él durante una temporada, como no tenía nada más importante que hacer antes de las siete que empezaba el programa de Guido Kafka (un conductor polaco, mitad insecto, mitad pelotudo), acepté la oferta. Ahí fue cuando comenzó la debacle. Cito textual la primer charla que tuve con Mohamé Pepiribú en mi primer día de laburo:

Yo– Mohamé, qué es lo que tengo que hacer?

Mohamé– Esto es simple macho (vivió mucho tiempo Ranelagh por eso los eufemismos argentos) vos te tenes que parar acá toda la madrugada y esperar que vengan los clientes.

Yo– Clientes? Pero yo qué ofrezco?

Mohamé– Nalgas.

Yo– Perdón, no se qué significa nalgas acá en Polonia.

Mohamé– Lo mismo que en Ranelagh.

Yo– …

Si, de un día para el otro caí en una red de prostitución en Polonia por culpa de un marroquí que conocí mientras esperaba el 60 (Ramal Polonia-Escobar). Cuando me di cuenta de lo que en realidad pasaba (3 meses después… sin comentarios) me escapé. 

Ya entrado Junio, me encontraba perdido en un país desconocido, sin dinero sin amor y sin un perro que me ladre. Tenía un perro pero era mudo. Me sumergí en una profunda tristeza lo cuál me llevó, por cuestiones a saber, a caminar para atrás sin rumbo durante 43 días y medio. Caminé y caminé. Me detuve cuando me salió una ampolla del tamaño de la idiotez de Eduardo Feinmann. Para mi sorpresa, me encontraba en un país sin nombre, casi ficticio, todos se llamaban Ramón, sin distinción de sexo. La estatura promedio de la población rondaba el metro y medio. Sólo se comía Pollo los días jueves y el resto de los días polenta con garbanzos. Casi que no había corrupción ni delitos graves, algún que otro ladrón de gallinas pero nada más. Eso sí, cuando alguien robaba una gallina y lo descubrían el castigo era muy severo, obligaban al malechor a escuchar entero el disco del Teto Medina una y otra vez hasta que Chicago gane la Libertadores. Allí pasé un par de meses pero me aburrí de comer polenta con garbanzos, intenté que el gobierno del país promulgue una ley donde haya 3 jueves semanales pero no lo logré así que laburé de destapador de botellas hasta que junté el dinero suficiente para un pasaje de avión y acá estoy, 4 de Septiembre de 2013 sentado frente a la computadora escribiendo estas líneas para todos ustedes. Ahora sí, una vez excusado por mi ausencia paso a dejarles el primer post en lo que va del 2013. Luego de tantos meses de silencio como podrán imaginar tengo muchísimas cosas para decir. Muchos acontecimientos que comentar, muchas reflexiones profundas que compartir. Sin más preámbulos, aquí va el primer post del año:

PUTO EL QUE LEE

Miro De Atrás

 

 

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